Seinfeld, las carcajadas más inteligentes

Hacer reír es difícil, mucho más que hacer llorar. Esto suelen decir a menudo los cómicos, pero también respaldan esta teoría por lo general muchos actores e intérpretes dramáticos. Es harto complicado disponer de un buen guión, libreto o monólogo que arranque sonrisas del respetable público. También es cierto que los gags, chistes o bromas ingeniosas tienen que caer en buenas manos, para que así puedan realzarse las gracias y no quedar destrozadas por el poco brío de quien las menciona.

Muchas series televisivas han aparecido en los últimos años con la pretensión de hacer reír: Cómo conocí a vuestra madre, Modern Family o The Big Bang Theory son algunos ejemplos. Sin embargo, en ocasiones –no siempre, por supuesto- sus guiones pueden llegar a ser previsibles y a recurrir a ese chiste fácil que siempre acaba triunfando.

Para toparnos con un arquetipo más puro del humor inteligente e ingenioso debemos retrotraernos hasta la década de los noventa -1989 fue el primer año en que se emitió-. Allí encontraremos las brillantes plumas de Larry David –David también escribió la hilarante y compleja Curb Your Enthusiasm- y Jerry Seinfeld, maestros absolutos del humor.

Jerry Seinfeld se interpretaba a sí mismo, dando rienda suelta en el guión a la caricatura ficcional respecto a la realidad. Seinfeld encarnaba a un monologuista, lo que daba pie a multitud de reflexiones en voz alta repletas de ingenio, de crítica mordaz, de disección de la rutina y de análisis de la condición humana, todo ello pasado por un tono de comicidad e hilaridad absoluta.

El hecho de que el personaje de Seinfeld viviera aventuras junto a su ex novia –Elaine-, convertida ya en íntima amiga, también aportaba muchísimo juego cómico a la serie. El vecino irreverente, extraño e inquietante –Kramer- y el mejor amigo de Jerry, George Costanza, acaban por dibujar ese cuadrado perfecto que se encargaba de retratar la rutina de la clase media de Estados Unidos de una manera magistral e insuperablemente divertida.